sábado, 4 de agosto de 2018

"La naturaleza, los animales y el hombre" de Arturo Machado Pioli - 1º1 y 1º2



Preocupados por la destrucción que está llevando a cabo el Hombre con el universo, contaminando las tierras, los mares, los ríos y el aire, los animales de todo el mundo decidieron hacer una asamblea para resolver qué iban a hacer con el Hombre.
Fueron de todos los países: por el Uruguay concurrieron un venado y un tatú; por Argentina, un ñandú y un carpincho; y así, de todos los países. El que dirigía la reunión, el Rey León.
Llegó el León a la reunión atrasado, todo maltrecho y con una pata vendada, por un tiro que le habían pegado.
- Los he reunido, amigos – dijo – para discutir el estado de emergencia en que nos encontramos; los hombres se han convertido en bestias y nos exterminan sin piedad, muchos hermanos nuestros han desaparecido de la faz de la Tierra. Si no adoptamos medidas urgentes, corremos el peligro de extinguirnos todos.
- Es inútil luchar contra los hombres, – dijo el caimán – están armados hasta los dientes, casi toda nuestra especie se ha extinguido y transformado en carteras y billeteras.
- En los mares navegan tantos buques pesqueros que es imposible esconderse de ellos. – Dijo la corvina – Y en unos años más nos contaminarán hasta los arroyos.
- Sólo están bien los que van a algún zoológico, fuera de ellos nadie está a salvo. – dijo el chimpancé.
- Son unos hipócritas. – dijo el cocodrilo, rechinando los dientes – Organizan simposios sobre la protección de la naturaleza, mientras nosotros somos cada vez menos. Han olvidado que somos sus hermanos.
Todos se quejaban de su triste suerte, salvo el perro guardián secuestrado como rehén; estaba sentado en silencio junto al león y miraba con ojos inteligentes a sus parientes. El león pegó un rugido y le dijo:
-          ¿Y tú, por qué te callas, traidor?
- Mire, majestad, no me llame traidor, – dijo el perro – no es por mi voluntad que vivo con el Hombre. Hace mucho tiempo fui domesticado por el hombre como mis antepasados lo fueron. Hoy el Hombre valora sólo a los aduladores y guapos, mientras a nosotros, los trabajadores, nos dejan hasta sin comer y cuando nos hacemos viejos nos abandonan o nos matan.
- ¡Qué crueldad! – gritó uno de la reunión.
- Sin embargo, compadézcase del Hombre – dijo el perro.
- ¿Qué? – Aulló el mundo animal indignado - ¿Por qué hay que compadecerse de él?
El perro se limpió una lágrima con la pata y dijo:
- Si ustedes no fueran tan salvajes, leyeran los diarios, escucharan la radio o miraran la televisión, se horrorizarían al comprender lo que le espera a la desdichada Humanidad. Los hombres han acumulado tantas armas que pueden destruirse a sí mismos varias veces, y no se trata de redes, cepos o fusiles primitivos… ¡Hasta decirlo da terror! Cargas nucleares, bombas neutrónicas, cohetes y hace poco oí que quieren mandar al Cosmos un láser para aniquilar todo desde allí. No habrá dónde ocultarse. Tú, corvina, te quejas que te pescan con redes, ándate al fondo del mar. Tú, gorila, ándate a lo más intrincado de la jungla; tú, tatú, ándate a la profundidad de la tierra. Y el Hombre, ¿dónde podrá esconderse?
  Todos se quedaron pensativos.
- Sin el hombre, todo será aburrido – dijo un asistente a la asamblea – Aunque sea un enemigo, también es un ser vivo.
Mientras el León escuchaba a sus súbditos, se le iba pasando el enojo contra el hombre que lo había herido.
-          ¿Dices que los hombres pueden exterminarse unos a otros? – le preguntaban al perro.
-          Si no los ayudamos, morirán. – dijo el perro.
Luego de un breve silencio, habló el Rey.
- Mamíferos, aves, reptiles, peces, animales todos. ¡Hay que salvar al Hombre! Propongo proteger al Hombre, que sepan que les deseamos dicha y paz.
- ¡Muy bien! – Se oyó de todos lados – Es muy humano.
  El ganso se sacó una pluma de la cola y el perro escribió en una hoja de banano la resolución de la Asamblea del Mundo Animal, el loro la grabó cientos de veces en su repetidora para enviarla a todos los gobiernos del mundo. La tortuga fue la encargada de repartirla; ella va despacio, pero los hombres deben saber que aún tienen en el mundo, amigos.

                                                             De “Historias de un caminante”

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