Preocupados por
la destrucción que está llevando a cabo el Hombre con el universo, contaminando
las tierras, los mares, los ríos y el aire, los animales de todo el mundo
decidieron hacer una asamblea para resolver qué iban a hacer con el Hombre.
Fueron de todos
los países: por el Uruguay concurrieron un venado y un tatú; por Argentina, un
ñandú y un carpincho; y así, de todos los países. El que dirigía la reunión, el
Rey León.
Llegó el León a
la reunión atrasado, todo maltrecho y con una pata vendada, por un tiro que le
habían pegado.
- Los he reunido, amigos – dijo – para discutir el estado de emergencia en que
nos encontramos; los hombres se han convertido en bestias y nos exterminan sin
piedad, muchos hermanos nuestros han desaparecido de la faz de la Tierra. Si no adoptamos medidas
urgentes, corremos el peligro de extinguirnos todos.
- Es inútil luchar contra los hombres, –
dijo el caimán – están armados hasta los
dientes, casi toda nuestra especie se ha extinguido y transformado en carteras
y billeteras.
- En los mares navegan tantos buques pesqueros
que es imposible esconderse de ellos. – Dijo la corvina – Y en unos años más nos contaminarán hasta
los arroyos.
- Sólo están bien los que van a algún
zoológico, fuera de ellos nadie está a salvo. – dijo el chimpancé.
- Son unos hipócritas. – dijo el
cocodrilo, rechinando los dientes – Organizan
simposios sobre la protección de la naturaleza, mientras nosotros somos cada
vez menos. Han olvidado que somos sus hermanos.
Todos se
quejaban de su triste suerte, salvo el perro guardián secuestrado como rehén; estaba
sentado en silencio junto al león y miraba con ojos inteligentes a sus
parientes. El león pegó un rugido y le dijo:
-
¿Y tú, por qué te
callas, traidor?
- Mire, majestad, no me llame traidor, –
dijo el perro – no es por mi voluntad que
vivo con el Hombre. Hace mucho tiempo fui domesticado por el hombre como mis
antepasados lo fueron. Hoy el Hombre valora sólo a los aduladores y guapos,
mientras a nosotros, los trabajadores, nos dejan hasta sin comer y cuando nos
hacemos viejos nos abandonan o nos matan.
- ¡Qué crueldad! – gritó uno de la reunión.
- Sin embargo, compadézcase del Hombre – dijo el perro.
- ¿Qué? – Aulló el mundo animal indignado - ¿Por qué hay que compadecerse de él?
El perro se limpió una lágrima con
la pata y dijo:
- Si ustedes no fueran tan salvajes, leyeran
los diarios, escucharan la radio o miraran la televisión, se horrorizarían al
comprender lo que le espera a la desdichada Humanidad. Los hombres han
acumulado tantas armas que pueden destruirse a sí mismos varias veces, y no se
trata de redes, cepos o fusiles primitivos… ¡Hasta decirlo da terror! Cargas
nucleares, bombas neutrónicas, cohetes y hace poco oí que quieren mandar al
Cosmos un láser para aniquilar todo desde allí. No habrá dónde ocultarse. Tú,
corvina, te quejas que te pescan con redes, ándate al fondo del mar. Tú,
gorila, ándate a lo más intrincado de la jungla; tú, tatú, ándate a la
profundidad de la tierra. Y el Hombre, ¿dónde podrá esconderse?
Todos
se quedaron pensativos.
- Sin el hombre, todo será aburrido – dijo
un asistente a la asamblea – Aunque sea
un enemigo, también es un ser vivo.
Mientras el
León escuchaba a sus súbditos, se le iba pasando el enojo contra el hombre que
lo había herido.
-
¿Dices que los
hombres pueden exterminarse unos a otros? – le preguntaban al perro.
-
Si no los
ayudamos, morirán. – dijo el perro.
Luego de un breve silencio, habló
el Rey.
- Mamíferos, aves, reptiles, peces, animales
todos. ¡Hay que salvar al Hombre! Propongo proteger al Hombre, que sepan que
les deseamos dicha y paz.
- ¡Muy bien! – Se oyó de todos lados – Es muy humano.
El
ganso se sacó una pluma de la cola y el perro escribió en una hoja de banano la
resolución de la Asamblea
del Mundo Animal, el loro la grabó cientos de veces en su repetidora para
enviarla a todos los gobiernos del mundo. La tortuga fue la encargada de
repartirla; ella va despacio, pero los hombres deben saber que aún tienen en el
mundo, amigos.
De
“Historias
de un caminante”
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