martes, 28 de octubre de 2014

Actividades - Grupos 1º1, 1º2 y 1º3

Texto: "La casa de Asterión" de Jorge Luis Borges

1. Busca en el diccionario las palabras cuyo significado desconozcas.
2. Numera los párrafos.
3. Distingue los verbos conjugados del quinto párrafo. Separa la raíz y la terminación de cada uno, aclarando la conjugación a la que pertenece, y menciona sus informaciones gramaticales (Nº, P, T y M).
4. ¿Cuántos enunciados posee? Transcribe uno que consideres oracional. Explica tu elección.

Lectura - Grupos 1º1, 1º2 y 1º3

La casa de Asterión
(El Aleph - 1949)
      Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
                  Apolodoro: Biblioteca, iii, I.

          Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. no en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
          El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
        No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
          Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangrente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
          El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
          —¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.


A Marta Mosquera Eastman
Jorge Luis Borges
[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para creer inferir que, en boca de asterión, el número catorce vale por infinitos.

 

lunes, 13 de octubre de 2014

Texto 1º2

Actividades: 1. Registrar en el cuaderno, en letra cursiva y dejando renglón por medio.
                    2. Extraer sus verbos conjugados. 
La cama
La cama actualmente está formada por un armazón de hierro o de madera y una estructura, que puede tener cabecera, sobre la cual se coloca el colchón. Pero en cada región y en cada época ha habido variaciones en el mobiliario.

Ya se usaban catres en Babilonia, Egipto y Persia entre los siglos XVI y XI a.C., tallados en marfil o con patas de oro. Pero, hacia el siglo I d.C., las estructuras comenzaron a realizarse de tiras de cuero entrelazadas para lograr una mayor comodidad. En estas épocas las camas eran un lujo para las clases sociales altas, que para  protegerse de los insectos, implementaron doseles con pesadas cortinas laterales que según  su decorado indicaban la posición social de su dueño. Recién en el siglo XV la gente común comenzó a usarlas, y tres siglos después  se utilizaron distintos tipos de madera para su fabricación.
En las mansiones y castillos del S. XII había camas pero los dormitorios fueron apareciendo como tales hacia el S. XVIII y siempre en palacios lujosos de los nobles. Hasta ese momento, las camas estaban en las salas y se usaban como divanes durante el día. Para lograr una habitación dentro de otra, protegida de insectos y corrientes de aire, se implementaron los doseles, con pesadas cortinas laterales, y de acuerdo a la ornamentación, la riqueza del bordado y las piedras preciosas de estos cortinados, indicaban la posición social de los dueños. Hacia el S. XV entre la realeza, las camas alcanzaron proporciones enormes. Más adelante fueron haciéndose de telas más livianas y con mayor sencillez.
La gente común comenzó a usarlas, pero fueron del tipo de camas-armarios cerradas con puertas, costumbre que perduró en las familias humildes hasta avanzado el siglo XIX. Y los más pobres usaban jergones en el suelo.
El el S. XVIII se usaron distintos tipos de maderas para la fabricación de camas para los nobles: nogal, caoba, roble, finamente talladas. Luis XIV poseía 413 camas de todas variedades. Los franceses introdujeron hacia fines de este mismo siglo, los armazones de hierro. Las camas se comenzaron a hacer en serie y se fueron popularizando.
En la primera mitad del siglo XX finalmente comienzan a elaborarse camas en distintos materiales y modelos. Aparecen las camitas-carros para los bebés, las camas marineras y las camas levadizas para ahorrar espacio, entre otras.
Revista "Muy interesante", 2005

Texto 1º4

Actividades: 1. Registrar este texto en el cuaderno, en letra cursiva y dejando renglón por medio.
                   2. Extraer sus verbos conjugados.


El tenedor
 El tenedor llegó a Europa procedente de Constantinopla a principios del siglo XI de la mano de Teodora, hija del Emperador de Bizancio. Lo llevó a Venecia al contraer matrimonio con Doménico Selvo. Pero Teodora, para sus  contemporáneos, tenía actitudes escandalosas y reprobables por ésta y otras refinadas maneras orientales, al punto de que un clérigo amonestó esta extravagancia llamándole instrumentum diaboli,  ya que era harto difícil comer con semejante instrumento. En la Edad Media Catalina de Bulgaria quiso hacer popular su uso en las cortes francesas, pero la propuesta fue tomada como licenciosa. Más tarde lo intentó Carlos V de Francia, que conoció al tenedor en Venecia tras la vuelta de uno de sus viajes,  pero ésta vez el fracaso tuvo que ver con las aficiones del rey, de modo que el tenedor volvió a perder la batalla al ser considerado un objeto caprichoso propio de personas un tanto equívocas.
La realidad es que el rechazo que tuvo el tenedor durante siglos obedecía más a una inhabilidad de los comensales que a una posible falta de utilidad, un autor dice de él: “...se causaban heridas con ellos, pinchándose con sus afiladas púas los labios, las encías y la lengua, y no faltaban, sobre todo las damas, que  elegantemente lo utilizaban como mondadientes...”
Recién en el siglo XIX se generaliza su uso, ya que en España se crea la primera industria en la fabricación de estos indispensables utensilios.
Revista "Muy interesante", 2004

Texto 1º3

Actividades: 1. Registrar este texto en el cuaderno, en letra cursiva y dejando renglón por medio.
                   2. Extraer sus verbos conjugados.


Horas, minutos, segundos...

Desde tiempo inmemorial, los humanos tratamos de contabilizar el paso del tiempo para organizar nuestra vida y ordenar nuestro destino. Las civilizaciones antiguas crearon el reloj solar que indicaba los momentos del día gracias al movimiento de la sombra del Sol sobre una superficie plana, con un cuadrante. Claro que éste no funcionaba de noche ni en días muy nublados, y tampoco en el crepúsculo o el amanecer. Fue así que nacieron las clepsidras, unos recipientes que hacían las veces de reloj de agua y supieron usarse en Babilonia y Egipto primero, y luego en Grecia y Roma. El líquido iba pasando de un contenedor a un vaso graduado, que a medida que se llenaba iba marcando las horas transcurridas.  Alrededor del siglo III de nuestra era apareció el reloj de arena, con dos recipientes unidos por un estrecho pasadizo. Recién en el siglo VIII un italiano construyó un reloj accionado por contrapesas. De modo que  cinco siglos después estos mecanismos ya eran habituales en algunas iglesias europeas. Pero el reloj de pesas ganaría eficiencia con el descubrimiento de la Ley del Péndulo, enunciada por Galileo Galilei hacia el 1600. Gracias a esto, el matemático y físico holandés Christiaan Huygens logró armar el primer reloj de péndulo en 1657, aplicando el sistema sobre un reloj de pared. Ya entonces, existían los primeros relojes a cuerda inventados en Alemania, lo que permitía la construcción de relojes portátiles.
Hoy en día, contamos con una inusual variedad de tipos y calidades de relojes: artesanales, eléctricos, cronómetros, despertadores, de pulsera, atómicos, digitales... El reloj pulsera, por ejemplo, fue creado en 1904 por el relojero suizo Hans Wildorsf, de la famosa casa Rolex, quien apenas seis años después diseñó el primer cronómetro de pulsera. 
 Revista "Muy interesante", 2005

Texto 1º1

Actividades: 1. Registrar este texto en el cuaderno, en letra cursiva y dejando renglón por medio.
                   2. Extraer los verbos conjugados.
  
El inodoro

Durante la antigüedad se crearon dos utensilios domésticos  básicos: el orinal y las sillas excretoras. En sus orígenes, los recipientes utilizados eran vaciados en la calle, la mayoría de las veces directamente por la ventana, y más tarde, en el arroyo. En estos tiempos era difícil encontrar una solución para los olores nauseabundos que contaminaban las ciudades. Sólo las clases más desahogadas podían adquirir estos objetos para evacuar sus necesidades en la intimidad de una “silla excusada” protegida por cortinas. Es así que en Francia, hacia el siglo XIV, se intentó remediar la situación  pidiendo a cada propietario que instalase en su casa una letrina. Pero sólo tres siglos después se implementó el uso de pozos negros que derivaban en una tinas de tamaño considerable que periódicamente eran transportadas a las afueras de la ciudad para ser vaciadas.
Entre 1865 y 1885 el vertido de los ríos creó un problema: Sus cursos se volvieron auténticas cloacas a cielo abierto. Mientras tanto, se habían producido dos inventos sucesivos, que muy pronto se complementarían. El primero es un invento colectivo y anónimo surgido en una institución de monjes similar a la taza de retrete que conocemos actualmente, provisto de una tapa de chapa que podía subirse y bajarse. Lamentablemente este modelo despertó grandes polémicas debido precisamente al uso de una tapa. De igual manera, hacia 1886, logró imponerse al asociarse con otro invento, creado por el inglés Thomas Crapper: La cisterna de agua. 

 Revista "Muy interesante", 2004