2. Extraer sus verbos conjugados.
Horas, minutos, segundos...
Desde tiempo inmemorial, los
humanos tratamos de contabilizar el paso del tiempo para organizar nuestra vida
y ordenar nuestro destino. Las civilizaciones antiguas crearon el reloj
solar que indicaba los momentos del día gracias al movimiento de la
sombra del Sol sobre una superficie plana, con un cuadrante. Claro que éste no
funcionaba de noche ni en días muy nublados, y tampoco en el crepúsculo o el
amanecer. Fue así que nacieron las clepsidras, unos recipientes que
hacían las veces de reloj de agua y supieron usarse en Babilonia y Egipto
primero, y luego en Grecia y Roma. El líquido iba pasando de un contenedor a un
vaso graduado, que a medida que se llenaba iba marcando las horas
transcurridas. Alrededor del siglo III
de nuestra era apareció el reloj de arena, con dos recipientes unidos por un
estrecho pasadizo. Recién en el siglo VIII un italiano construyó un reloj
accionado por contrapesas. De modo que
cinco siglos después estos mecanismos ya eran habituales en algunas
iglesias europeas. Pero el reloj de pesas ganaría eficiencia con el
descubrimiento de la Ley
del Péndulo, enunciada por Galileo Galilei hacia el 1600. Gracias a esto, el
matemático y físico holandés Christiaan Huygens logró armar el primer reloj de
péndulo en 1657, aplicando el sistema sobre un reloj de pared. Ya entonces,
existían los primeros relojes a cuerda inventados en Alemania, lo que permitía
la construcción de relojes portátiles.
Hoy en día, contamos con una
inusual variedad de tipos y calidades de relojes: artesanales, eléctricos,
cronómetros, despertadores, de pulsera, atómicos, digitales... El reloj
pulsera, por ejemplo, fue creado en 1904 por el relojero suizo Hans Wildorsf,
de la famosa casa Rolex, quien apenas seis años después diseñó el primer
cronómetro de pulsera.
Revista "Muy interesante", 2005
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