lunes, 13 de octubre de 2014

Texto 1º3

Actividades: 1. Registrar este texto en el cuaderno, en letra cursiva y dejando renglón por medio.
                   2. Extraer sus verbos conjugados.


Horas, minutos, segundos...

Desde tiempo inmemorial, los humanos tratamos de contabilizar el paso del tiempo para organizar nuestra vida y ordenar nuestro destino. Las civilizaciones antiguas crearon el reloj solar que indicaba los momentos del día gracias al movimiento de la sombra del Sol sobre una superficie plana, con un cuadrante. Claro que éste no funcionaba de noche ni en días muy nublados, y tampoco en el crepúsculo o el amanecer. Fue así que nacieron las clepsidras, unos recipientes que hacían las veces de reloj de agua y supieron usarse en Babilonia y Egipto primero, y luego en Grecia y Roma. El líquido iba pasando de un contenedor a un vaso graduado, que a medida que se llenaba iba marcando las horas transcurridas.  Alrededor del siglo III de nuestra era apareció el reloj de arena, con dos recipientes unidos por un estrecho pasadizo. Recién en el siglo VIII un italiano construyó un reloj accionado por contrapesas. De modo que  cinco siglos después estos mecanismos ya eran habituales en algunas iglesias europeas. Pero el reloj de pesas ganaría eficiencia con el descubrimiento de la Ley del Péndulo, enunciada por Galileo Galilei hacia el 1600. Gracias a esto, el matemático y físico holandés Christiaan Huygens logró armar el primer reloj de péndulo en 1657, aplicando el sistema sobre un reloj de pared. Ya entonces, existían los primeros relojes a cuerda inventados en Alemania, lo que permitía la construcción de relojes portátiles.
Hoy en día, contamos con una inusual variedad de tipos y calidades de relojes: artesanales, eléctricos, cronómetros, despertadores, de pulsera, atómicos, digitales... El reloj pulsera, por ejemplo, fue creado en 1904 por el relojero suizo Hans Wildorsf, de la famosa casa Rolex, quien apenas seis años después diseñó el primer cronómetro de pulsera. 
 Revista "Muy interesante", 2005

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